lunes

Somalia

El atunero Alakrana, de origen español, ha ido a pescar a Somalia.

Algunos, como yo, se preguntarán: ¡¿A Somalia?!

Y otros, tranquila y desinteresadamente dirán: Pues si, a Somalia.

Personalmente, me estremece esa forma de actuar "como si nada ocurriese". Como si fuera lo más normal del mundo que un barco Español se vaya hasta Somalia para pescar un poco de atún. Pues bien, la pregunta que hay que hacerse no es más que ésta: ¿Y que hace un atunero español en Somalia?

Pues bien, la respuesta está justo aquí:

Estos bravos marineros han ido allí para tocar las pelotas a todo el mundo. ¿No sabían que en Somalia había piratas?. Porque ésto se sabe desde hace años. Así que en primer lugar, si hay que criticar algo, lo primero es comprender y aceptar que estos marineros son unos completos temerarios irresponsables.

Luego encima sus hipócritas familias van exigiendo al Gobierno responsabilidades, negociaciones, rescates, actuaciones, dinero, armas, protección,...todo de nuestros bolsillos evidentemente.

Pues MENUDO MORRO, ¿no creen?

Este caso, que además tiene muchos precedentes, me parece de vergüenza nacional. En primer lugar, por el hecho de que un barco de pesca lleve una guardia privada armada (mercenarios). Y en segundo, por la irresponsabilidad de cuatro marineros bravos. Porque, los marineros del Alakrana, ya sabían perfectamente como estaban las aguas de Somalia (aparte de contaminadas, claro).

Sería interesante conocer lo rentable que les debe salir a ellos y a sus cínicas familias, este particular negocio de ir a pescar a esas aguas. Pues a mi no me da la gana de que se peguen estos caprichos. Pues que se lo hubieran pensado dos veces antes de irse a Somalia los muy cabrones.

Si dependiese de mí, a la vuelta de estos ineptos (por supuesto que defiendo sus vidas), les confiscaba el barco y el permiso de navegar. Que aprendan a pescar, o que se ganen la vida sin tocar las pelotas a todo el mundo.

Más cosas:

Alguien podría pensar que estoy defendiendo a los piratas de Somalia o algo parecido. Pues es evidente que si. No defiendo enteramente la naturaleza de sus actos, pero les defiendo a ellos. Pues, antes que nada y para comprender la magnitud de la tragedia, deberíamos intentar comprender porqué hay piratas en Somalia, ¿verdad?. Así a lo mejor encontraríamos algún culpable al que poder echar en cara toda esta situación.

Y lo cierto es que yo no los he encontrado con nombres y apellidos, pero he encontrado su naturaleza y procedencia: Empresas y pescadores de los países industrializados.

Pero antes, la situación de Somalia: Un suculento baño de sangre que ha teñido al país de casi todos los colores habidos y por haber, por más de 10 años. Una situación de raíces bastante confusas o difíciles de perfilar, donde muchos han jugado a ser los reyes del mambo. Entre otros, y así vamos a lo que nos concierne, muchos barcos de otros países. Barcos que se han acercado a las aguas de Somalia para vertir productos tóxicos y practicar la pesca ilegal, aprovechando la nula capacidad del "gobierno" de Somalia para reaccionar ante esos abusos.

Antes de ser piratas, los piratas de Somalia eran pescadores. Pescadores que se han visto inmersos en una hecatombe de caóticas proporciones, que les ha conducido a ganarse la vida como los demás mercaderes de corbata: ROBANDO.

Arremeter contra los piratas no soluciona el problema. Arremeter contra los causantes de la desestabilización política en Somalia, contra los que contaminaron sus aguas, contra los que les han estado robando sus recursos, etc, eso sí solucionaría el problema. O al menos, parte del problema.

Además, arremeter contra los marineros del Alakrana es una forma de decir que ya basta de meter nuestras narices en donde no nos llaman. Pues no busques problemas si no quieres encontrártelos.

Si no les queda más remedio para ganarse el pan que ir hasta Somalia para encontrar atún, entonces es mejor dejar de ir hasta allí para pescar, porque significa o que estamos agotando los recursos marinos del planeta y que dentro de unos años ya no podría quedar atún en el mar, o que esto de ir a pescar a Somalia es un negocio bien turbio. En ambas, los marineros del Alakrana cometen un acto de irresponsabilidad al aprovecharse de un conflicto en un país que está a más de 5.000 kilómetros de distancia, y encima para pescar atunes radiactivos...

sábado

Una ocasión perdida

A veinte años de la caída del Muro de Berlín

Artículo de MONDIPLO, escrito por Ignacio Ramonet.

El 9 de noviembre de 1989 caía el muro de Berlín. Veinte años después, mientras el capitalismo, a su vez, vacila bajo los golpes de una crisis sistémica, ¿qué balance se puede establecer de las dos décadas que acaban de transcurrir? ¿Por qué otros muros, igual de indignantes, no se han derribado?
Simbólicamente, el hundimiento del muro de Berlín marca la conclusión de la guerra fría así como el fin -aunque la Unión Soviética no se disolvería hasta diciembre de 1991- del comunismo autoritario de Estado en Europa. Pero no el fin de la aspiración de millones de pobres a vivir dignamente en un mundo más justo e igualitario.
El muro de Berlín se hunde debido, por lo menos, a tres hechos capitales ocurridos durante la década de 1980:

1/ las huelgas de agosto de 1980 en Polonia, que ponen en evidencia una contradicción fundamental: la clase trabajadora se opone a un presunto "Estado obrero" y al supuesto "Partido de la clase obrera". La teoría oficial sobre la que se basaba el comunismo de Estado se viene abajo;
2/ en Moscú, en marzo de 1985, Mijaíl Gorbachov es elegido secretario general del Partido Comunista de la URSS. Lanza la "perestroika" y la "glásnost", y activa, con las precauciones de un artificiero, la reforma del comunismo soviético;
3/ durante la primavera de 1989, en Pekín, en vísperas de una visita de Mijaíl Gorbachov, miles de manifestantes reclaman reformas similares a las que se llevan a cabo en la URSS. El Gobierno chino hace intervenir al Ejército. Resultado: cientos de muertos y condena internacional del régimen de Pekín.
Cuando, en el otoño de 1989, ciudadanos de Alemania del Este se echan a la calle para exigir reformas democráticas, las autoridades dudan en disparar o no sobre las multitudes. Moscú anuncia que sus tropas estacionadas en Europa del Este no participarán en ninguna represión. La intensidad de las manifestaciones se multiplica. La suerte está echada. El muro de Berlín cae. En unos meses, uno tras otro, los regímenes comunistas de Europa son barridos. Incluidos los de Yugoslavia y Albania.
Constatación importante: el sistema se desploma por descomposición interna, y no a causa de una ofensiva del capitalismo que lo habría derrotado. En esos años, Estados Unidos se halla en grave recesión tras el "lunes negro" de Wall Street acaecido dos años antes (el Dow Jones había caído, el 19 de octubre de 1987, un 23%). Pero la interpretación que se dará es que, en el enfrentamiento que opone, desde el siglo XIX, el comunismo al capitalismo, éste se ha impuesto. Por KO. De ahí una suerte de ebriedad intelectual que hará creer a algunos en el "fin de la historia".
Error fatal. Al perder a su "mejor enemigo" -el que, mediante una relación de fuerzas constante, le obligaba a autorregularse y a moderar sus pulsiones-, el capitalismo se dejará arrastrar por sus peores instintos. Olvidando la promesa de hacer que el mundo se beneficie de los "dividendos de la paz", Washington impone en todas partes, a marchas forzadas, lo que cree ser la idea triunfal: la globalización económica. Es decir, la extensión al conjunto del planeta de los principios ultraliberales: financiarización de la economía, desprecio por el medio ambiente, privatizaciones, liquidación de los servicios públicos, precarización del trabajo, marginación de los sindicatos, brutal competencia entre los asalariados del mundo, deslocalizaciones, etc. En resumen, una vuelta al capitalismo salvaje. El multimillonario estadounidense Warren Buffet proclama: "Hay una lucha de clases, por supuesto, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que dirige la lucha. Y nosotros ganamos" (1).
En el plano militar, Washington despliega su hiperpotencia: invasión de Panamá, guerra del Golfo, ampliación de la OTAN, guerra de Kosovo, marginación de la ONU... Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, George W. Bush y sus "halcones" deciden castigar y conquistar Afganistán e Irak. Reducen la ayuda a los países pobres del Sur y lanzan una cruzada contra el "terrorismo internacional" utilizando todos los medios, incluidos los menos nobles: vigilancia generalizada, tortura, "desapariciones", prisiones secretas, penales ilegales como el de Guantánamo... Creen en un mundo unipolar, dirigido por unos Estados Unidos hegemónicos, seguros de sí mismos y dominadores.
El balance será desastroso: ninguna victoria militar real, una inmensa derrota moral y una gran destrucción ecológica. Sin que los principales peligros hayan sido eliminados. La amenaza terrorista no ha desparecido, la piratería marítima se agrava, Corea del Norte se ha dotado de armas nucleares, Irán podría hacerlo... Oriente Próximo sigue siendo un polvorín...
El mundo ha pasado a ser multipolar. Varios grandes países -Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica- forjan alianzas al margen de las potencias tradicionales. En Suramérica, Bolivia, Ecuador y Venezuela exploran nuevas vías del socialismo. Hasta el recurso al G-20 con motivo de la crisis económica global confirma que los países ricos del Norte no pueden solventar en solitario los principales problemas mundiales.
La oportunidad histórica que constituía la caída del muro de Berlín se ha desperdiciado. El mundo de hoy no es mejor. La crisis climática hace pender sobre la humanidad un peligro mortal. Y la suma de las cuatro crisis actuales -alimentaria, energética, ecológica y económica- da miedo. Las desigualdades han aumentado. La muralla del dinero es más imponente que nunca: la fortuna de las quinientas personas más ricas es superior a la de los quinientos millones más pobres... El muro que separa el Norte y el Sur permanece intacto: la malnutrición, la pobreza, el analfabetismo y la situación sanitaria incluso se han deteriorado, particularmente en África. Por no hablar del muro tecnológico.
Además, se han levantado nuevos muros: como el edificado por Israel contra los palestinos; o el de Estados Unidos contra los emigrantes latinoamericanos; o los de Europa contra los africanos... ¿Cuándo decidiremos destruir de una vez para siempre todos esos muros de la vergüenza?



Notas:
(1) The New York Times , 26 de noviembre de 2006.

domingo

HANFORD: El lugar más sucio de América

La antigua factoría de plutonio contiene millones de toneladas de residuos radiactivos sin limpiar

Notícia de Público, escrita por NUÑO DOMÍNGUEZ:

Los encargados de limpiar el lugar más contaminado de América acaban de topar con un nuevo problema: excrementos radiactivos de conejo. El hallazgo lo ha hecho un helicóptero equipado con aparatos de medición que acaba de sobrevolar parte de una zona acordonada conocida como Hanford Site. Esta área en el Estado de Washington (EEUU) fue durante más de 40 años la principal factoría de plutonio del país bajo el más alto secreto. De sus nueve reactores nucleares salió la carga de Fat Man, la bomba que lanzó el ejército estadounidense sobre Nagasaki, y otros miles de proyectiles atómicos.

Hoy la zona incluye una reserva natural, un laboratorio de investigación científica, un antiguo reactor abierto al público y una central nuclear. Sus 1.500 kilómetros cuadrados también albergan aún dos tercios de los residuos radiactivos más peligrosos del país. Se trata de millones de toneladas de desechos que contienen uranio, plutonio y otros isótopos radiactivos que se han filtrado de los tanques de contención o simplemente siguen en las fosas y vertederos en los que se desecharon durante décadas. El lugar es también el mayor proyecto de rehabilitación jamás emprendido por el Gobierno de EEUU.

Fauna atómica

El ecosistema único de Hanford ha dado lugar a una fauna característica cuyo último exponente son conejos que llevan décadas consumiendo sales contaminadas. Sus excrementos contienen trazas de radiactividad y cubren parte de la extensión de Hanford. Los responsables de los gobiernos federal y estatal han minimizado el riesgo que suponen los excrementos, pero la noticia ha vuelto a poner en entredicho la polémica rehabilitación del lugar.

"Los excrementos son sólo uno de los muchísimos problemas que tenemos", explica a Público Cheryl Whalen, del Departamento de Ecología del Estado de Washington. Señala que el estiércol sólo contiene niveles bajos de contaminación. "Nuestra mayor preocupación es que estos u otros animales salgan del recinto", confiesa. Explica que ya no hay conejos en la zona y los excrementos son el resultado de una "contaminación histórica" que se desarrolló durante décadas.

"A la gente le molesta mucho que haya conejos radiactivos corriendo por ahí", señala Tom Carpenter, director de Hanford Watch, una de las ONG que vigilan las actividades de limpieza de la zona. Carpenter dice que aún hay conejos contaminados por la zona y que los trabajadores del lugar ganan un sobresueldo dándoles caza. Los llaman money bunnies, algo así como los conejillos del dinero.

Daños biológicos

Esta no es la primera vez que la fauna y flora de Hanford causan dolores de cabeza a sus administradores. Hace unos meses, mientras se desarrollaban las actividades de demolición de los nueve reactores y otros edificios en los que se producía y procesaba el plutonio, se descubrieron nidos de avispa abandonados en los que se registraron niveles de contaminación considerables.

Los animales habían erigido los nidos con tierra procedente de una fosa en la que se había almacenado combustible nuclear usado. Contenían varios isótopos radiactivos como el cesio y el cobalto. Además, las avispas construyeron sus nidos sobre un área que acababa de ser rehabilitada, lo que obligó a deshacer parte del trabajo hecho. Fue un pequeño gasto más en un proyecto que cuesta unos 2.000 millones de dólares al año.

Otros incidentes han incluido moscas de la fruta y arbustos rodadores que desplazaban restos radiactivos por la zona. Tanto Whalen como Carpenter coinciden en que los niveles de radiación de estos animales no les causan daños biológicos. De hecho, hay problemas mucho más urgentes, como los efectos que los residuos de Hanford pueden estar causando en sus trabajadores y en los habitantes de la zona.

Hanford Site fue creado en 1943 como parte del Proyecto Manhattan. Bajo el máximo secreto, el Gobierno de EEUU quería desarrollar la bomba atómica antes que Alemania. Mientras en otros laboratorios se desarrollaban los aspectos técnicos, en Hanford se fabricaría el plutonio necesario para cargar los proyectiles nucleares. El lugar fue elegido por ser remoto, bien abastecido de agua y poco poblado. No obstante, unas 1.500 personas fueron realojadas, en algunos casos en el plazo de un mes.

Hanford se convirtió en la cuna del primer reactor nuclear del mundo para producir plutonio. Aquí se fabricó el material radiactivo que se utilizó en Trinity, la primera bomba nuclear de la Historia que fue detonada en pruebas en el Estado de Nuevo México. También generó la carga de Fat Man, la bomba que se lanzó sobre Nagasaki (Japón) en 1945 causando 40.000 muertos.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría, Hanford entró en su periodo de esplendor. Durante años tuvo nueve reactores nucleares que produjeron 67.000 toneladas de plutonio para abastecer el nutrido arsenal nuclear estadounidense. Estaban refrigerados con el agua del Columbia, que fue durante años el río más radiactivo del mundo.

La producción de armamento continuó a medio gas durante las décadas de 1970 y 1980 hasta que en 1987 se clausuró el último reactor. Dos años después, el Gobierno federal y el del Estado de Washington comenzaron un proyecto aún más complicado: limpiar los millones de toneladas de residuos que habían dejado 40 años de producción de armamento nuclear.

Según la Agencia de Protección Ambiental de EEUU (EPA), Hanford contiene 33 millones de metros cúbicos de residuos radiactivos y otros 100 millones de metros cúbicos de suelo y escombros contaminados. Billones de litros de agua contaminada se vertieron directamente sobre la zona, lo que ha extendido la contaminación a acuíferos que cubren unos 200 kilómetros cuadrados. "Cantidades ingentes de productos químicos y radiactivos se sepultaron en fosas, vertederos, pozos o simples agujeros cavados en el suelo", destaca Carpenter.

Los residuos más peligrosos se sepultaron en 177 contenedores bajo tierra. Al menos 67 de ellos tienen brechas por las que ya se han escapado cuatro millones de litros.

Problemas de salud

Tal volumen de contaminación ha causado durante décadas muchas dudas sobre el impacto en la salud de los trabajadores de Hanford y los habitantes de la zona. Carpenter señala que, según un estudio publicado en 2002 por la EPA, los niños de las poblaciones indígenas que habitan en la zona tienen 100 veces más posibilidades de contraer enfermedades inmunológicas y del sistema nervioso que el resto de la población.

Otro estudio financiado por el Departamento de Energía recién publicado en American Journal of Industrial Medicine acaba de estudiar la salud de más de 6.000 personas que trabajaron en Hanford y otros centros donde se fabricaban armas nucleares. Aunque los índices de mortalidad no son más altos entre este grupo, la mortalidad por cáncer es casi un 30% mayor que en la población general. Sin embargo, los autores advierten de que, con los datos actuales, no se puede establecer una relación directa entre la radiación en estos lugares y las enfermedades que contraen sus trabajadores. Por ahora hay unos 3.000 juicios abiertos por parte de habitantes de la zona que dicen haber sufrido problemas de salud debido a la radiación, señala Carpenter.

El problema de la contaminación no va a terminar pronto. Según Whalen, el Departamento de Energía ha revisado su calendario y ha retrasado considerablemente la fecha de finalización del proyecto. Primero habrá que terminar de construir una planta para vitrificar los residuos más peligrosos de los 177 tanques y después almacenarlos en contenedores de doble capa que deberían resistir durante décadas. No terminarán hasta 2040. Carpenter piensa que, siendo realista, el proyecto no terminará hasta dentro de 90 años. "Hay que limpiar una enorme zona industrial", comenta. "No será fácil ni rápido, pero es un reto que tenemos que afrontar", concluye.

Una factoría de plutonio para el Proyecto Manhattan

En 1939 se puso en marcha el Proyecto Manhattan para conseguir la bomba nuclear antes que la Alemania nazi. El proyecto se sustentaría en las tres ‘ciudades atómicas’: Los Álamos, en Nuevo México; Oak Ridge, en Tennesse; y Hanford, en el Estado de Washington. En el primer enclave se desarrollaría la tecnología para las primeras bombas atómicas.

El segundo debía generar uranio 235 que después se transformaría en plutonio en los reactores de Hanford. De este centro salió el plutonio con el que iba cargada ‘Fat Man’, una bomba dos veces más potente que la que se lanzó sobre Hiroshima. La bomba fue lanzada el 9 de agosto de 1945 desde el bombardero ‘Bockscar’. A pesar de su mayor potencia, la bomba causó menos bajas que en Hiroshima debido a la irregularidad del terreno.

Murieron unas 40.000 personas y otras 25.000 resultaron heridas. Era la tercera bomba atómica que se lanzaba, después de ‘Trinity’, un prototipo que se probó en un área militar de Nuevo México dentro de una zona conocida como Jornada del Muerto, y ‘Little Boy’, que estaba cargada con uranio y se lanzó el 6 de agosto de 1945 sobre Hiroshima. Mató a 66.000 personas e hirió a otras 70.000.

miércoles

El ADN de la Burbuja Inmobiliaria

El ADN de la burbuja inmobiliaria from Afectadosporlahipoteca on Vimeo.

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Vídeo que llega de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

Existe el Derecho a la Vivienda. El derecho a tener un Hogar en este mundo. Pero el Capitalismo y los capitalistas han jugado con este derecho y lo han convertido en un privilegio para quien quiera tenerlo. Y no se puede jugar con los derechos de la gente; no a costa de robarles el dinero, no a costa de especular, y no a costa de pensar única y exclusivamente en obtener beneficios.

En el sistema capitalista todos los derechos se pisan por definición. Todos, menos el derecho del régimen de propiedad privada de la burguesía. Propiedad que sólo unos pocos ejercen sobre el resto. Y en realidad todos deberíamos tener derecho a esa propiedad que ellos tanto defienden. Pero el truco es que mientras sean dueños de esa propiedad, podrán explotar y exprimir al resto de la sociedad con total impunidad.

Creo que ya va siendo hora de cuestionarnos si la propiedad privada (de la burguesía) debe o no ser un derecho fundamental del hombre o de la sociedad.